miércoles, 3 de noviembre de 2010

Fotografía y espíritu.



El hombre suele necesitar creer. Otra cosa es la trascendencia de la vida y más aún de la Muerte. En ese más allá poblado de almas, dioses y diablos, hemos creado moradas religiosas y espacios sensoriales, dimensionales o simplemente canónicos pertenecientes a todo tipo de creencia. Ahora bien, si existe la vida más allá de la muerte, si existe algo más que un cuerpo pasajero en este valle de lágrimas, ¿sería posible que una persona de carne y hueso estableciera algún tipo de comunicación con ese más allá?. Desde siempre, lo dioses han hecho acto de presencia en este mundo terrenal. Bien por ellos mismos, bien a través de emisarios sagrados. No es coherente entonces convertir en una entelequia esta posibilidad. Sin embargo ha habido épocas y personas que se han caracterizado por esa capacidad extraordinaria de poder comunicar con la representación de esa creencia que imbuye cualquier tipo de fe. Me vienen a la memoria los chamanes de las tribus azande, los poseídos del zulú, los sacerdotes y sacerdotisas de la Antigüedad clásica... Y más recientemente los médiums espiritistas del siglo XIX.

Hay que salvar las distancias pero la esencia es la misma, comunicar con esa fe que nos alimenta. Hacerla visible e incluso palpable. Sobre el espiritismo propiamente dicho se ha escrito mucho. Principalmente porque en su día fue toda una moda y un movimiento de gran difusión. Todavía hoy quedan ecos de sus doctrinas y no está exento de análisis y críticas. Sin embargo conviene mirar un tema desde todas las perspectivas posibles. Y eso es lo que ha hecho John Harvey, experto en Arte de la Universidad de Gales, en su libro “Fotografía y espíritu” (Alianza, 2010). El título me subyugó, y más en la concomitancia que se produce con dos de mis temas preferidos. Y así fue. Me encontré con un excelente estudio del espiritismo a través del análisis de su iconografía fotográfica. Ese descubrimiento por el que el alma invisible aparece en las tomas de imágenes, de entonces y de ahora.

Si embargo las pesquisas van más allá de la simple crítica a las célebres fotografías de espíritus. Harvey analiza eficientemente, y muy argumentadamente, la tradición cristiana en cuanto a representaciones y apariciones sobrenaturales. De esta manera el libro coloca el espiritismo en su lugar correspondiente a través de la historia de la religión cristiana.

El movimiento espiritista como tal nació en Estados Unidos cuando dos hermanas de Hydesville (Nueva York) comenzaron a entablar comunicación mediúmnica con un espíritu de su casa. Se trataba de Kate y Margaret Fox, allá por 1848. Hasta entonces se creía, se quería creer, que el hombre podría comunicarse directamente con el más allá. De esta manera, el movimiento espiritista comenzó a realizar una traslación práctica desde la fe hasta la ciencia. En ese camino aparece la fotografía de espíritus.

La primera impresión puede resultarnos, incluso en nuestros días, estremecedora. Tomamos una imagen fotográfica y aparece un rostro o algo multiforme que no veíamos en el momento de tomar la instantánea. Si luego investigamos y ese rostro nos es familiar, o llegamos a saber quien es, estableceremos una prueba de la existencia de espíritus. Y por ende, de que después de esta vida... hay algo. En pocas palabras es lo que vino a demostrar el espiritismo como tal. Sin embargo, a pesar de que la fotografía era un invento reciente, las apariciones son tan antiguas casi como el pensamiento en el más allá. Por eso, el estudio de Harvey confiere al espiritismo una continuidad casi lógica entre la herencia de los parámetros sobre apariciones que se venían realizando en el Arte y la religión, con el avance de la ciencia y la tecnología. Solamente cambia el medio, pero el hecho es el mismo. Ante la aparición de la fotografía se establecen dos definiciones esenciales: la fotografía de espíritus y la fotografía espiritista. La diferenciación es capital en el estudio de este tema. El primer tipo responde a las imágenes en las que aparece un espíritu por sí mismo, es decir, que tienen su origen en la “conciencia del espíritu”. La fotografía espiritista, tiene su origen en la mediación de un médium. La diferencia es clave para abrir el camino entre los posible y lo susceptible. El debate siempre está abierto.

La trascendencia de fotografiar espíritus fue inmensa. Al margen de la controversia generada, la fotografía alimentó muchas mentes y sofocó no pocas penas. Saber que tu ser querido, recientemente fallecido, sigue vivo, que permanece cerca, es consolador y embriagador para la persona doliente. Es más, entra dentro de los parámetros cristianos; ahora lo sobrenatural y religioso, se puede fotografiar.

El hecho de que al comienzo, la fotografía estaba poco estudiada, favoreció un debate equilibrado. Si a ello sumamos los incipientes descubrimientos que se produjeron en el siglo XIX, todo es posible. El espiritismo dotó a sus experiencias fotográficas de una idioléctica propia, con el afán de creer en sus preceptos. Hubo épocas de grandes fraudes, de denostados encuentros con la crítica. Pero también hubo la querencia de creer. Y eso ha llegado hasta nuestros días con las cámaras digitales de fotografía y de vídeo.

Llegados a este punto, ¿se puede explicar todo?. Sobre la ciencia se dijo una vez que “es sincera, pero te genera incertidumbres”. John Harley despeja dudas entre líneas. Nos traza una historia del espiritismo a través de la imagen, antes y después de la fotografía. Sitúa las apariciones en su lugar correspondiente. Y nos coloca a nosotros en nuestra propia conciencia, a veces desnortada con tanta vorágine social. Por eso me ha gustado esta obra. Excelente desarrollo histórico-tecnológico de una fe, que arroja luz sobre un tema fascinante que hunde sus raíces en nuestra realidad vital.


"Fotografía y espíritu."

John Harley.

Alianza editorial, 2010.


lunes, 25 de octubre de 2010

FIZ 2010.

Este mes se ha celebrado la décima edición del Festival Independiente de Zaragoza. Dos días repletos de conciertos para oídos altisonantes de gustos variopintos. A lo largo de los años, este encuentro se ha convertido en uno de los mejores festivales que tiene la ciudad del Ebro. Diez años no es poco tiempo y se merece un aplauso la labor que se hace para que cada año haya algo atractivo en este festival.

En la edición de este año, el fetichismo artístico venía de la mano de Tim Robbins. Actor de excelente calidad interpretativa y ahora enfrascado en aventuras musicales de pop y folclore norteamericano, que a decir de los críticos, cumple con honrosa calidad. También contamos con la actuación de otro grupo que pasará a la historia como el inventor del trip hop. Massive Attack actuaron por vez primera en nuestra ciudad para hacernos revivir los derroteros de una forma personalizada de ver la música. Tan personal es esta visión, que se caracterizan precisamente por contar con múltiples colaboraciones a lo largo de su obra para llevar a cabo las piezas. En Zaragoza ofrecieron un recorrido acorde con su trayectoria.

En general este FIZ fue tan ecléctico como suele ser habitual. Una buena manera de atraer a todo tipo de público con un basamento de calidad. A veces cayendo en el histrionismo musical, cuando menos para mi gusto, pero con notable criterio de selección.

Un poco a modo de regalo de cumpleaños y siguiendo mis coberturas periodísticas, pongo en Flickr el reportaje que hice para esta edición del FIZ.

Que disfrutéis las fotos, y sobre todo la música. Que nunca falte la música.


http://www.flickr.com/photos/angelburbano


sábado, 9 de octubre de 2010

Recuerdos tornasolados. Mis años gimnásticos.



La fotografía me ha permitido no sólo crear Arte sino también conocer una gran cantidad de campos realmente interesantes. Interesantes por las imágenes que dan y por el enriquecimiento mutuo que conceden cuando conoces a gente que merece la pena. Uno de esos mundos que me fascinó fue el de la gimnasia rítmica. Recuerdo un torneo de las zaragozanas fiestas del Pilar al que fui, allá por octubre del 2002, atraído por la belleza de las gimnastas. Pensé, “modelos así darán grandes fotos”. Más allá de la simple pose fue todo un descubrimiento para mí. Mi Olympus E-10 apenas podía seguir, y menos congelar, los rápidos movimientos de estas chicas. Pero detrás de las sorprendentes fotos que salían encontré un mundo riquísimo y embriagador.

Mi primer año en la gimnasia rítmica aragonesa lo pasé como un aficionado a la fotografía que cubría todos los torneos que podía en busca de bellas imágenes. Mi talante periodístico daba de mí una imagen que todos aceptaban como profesional de algún periódico; por lo que no tenía problemas en hacer fotos a pie de tapete. Durante esos primeros meses fui viendo lo que conforma este deporte. Sus movimientos, sus maillots, sus maquillajes, sus reglas, su belleza, su esfuerzo, su duración (entonces torneos de más de cuatro horas seguidas) y su gente. Así conocí a Karina Dubchak. Con quince años me dio fotografías como la que encabeza este artículo. En cuanto la vi por primera vez en competición me “enamoré platónicamente” de ella. Su talante decía todo aquello que debía tener una gimnasta con dotes. Su belleza era cegadora y su cuerpo una escultura capaz de llenar el tapete. La pose de altanería con la que suelen abrir las actuaciones estas damiselas, concedían a Karina la seguridad del que sabe que es bueno, genial y va a por todas. A la postre, llegó a ser campeona de España en versión Open. Sus aptitudes, elegancia y talento fueron únicos. El destino me concedió, tiempo más tarde, la dicha de que posara para mí varias veces trabando una fotográfica amistad. Así descubrí una de esas personas que, como decía antes, merece la pena conocer.

Mi labor se estrechó más y más cuando conocí a dos personas del Club Zaragozano de Gimnasia rítmica, Susana Rueda y Mª Luisa Agerri. Ambas, madres de gimnastas y, por entonces, parte de la cúpula directiva de la citada asociación. Cuando vieron mis fotos y mi interés, no dudaron en contar conmigo como si fuese parte del club. Gracias a la difusión que dieron a mis fotografías de los torneos, todo Aragón acabó conociendo mi obra y no en vano siendo un poco el fotógrafo oficial de la gimnasia en nuestra región.

Mi labor ya no consistió sólo en cubrir torneos, ahora yo les inmortalizaba. La demanda de mis fotografías fue en aumento por lo que las vendía al módico precio de tres y cinco euros la foto más grande. Una nimiedad comparada con las fotografías de los profesionales del campeonato de España.

Desde pequeñas e incipientes gimnastas de colegio a deportistas de élite. Mi cámara estaba allí. Tuve la suerte de que algunas de ellas posaron en estudio, Elmira Dassaeva, las gemelas Kebich… Carteles de competición oficial, colaboraciones en prensa como Heraldo de Aragón, Diario Equipo, páginas web oficiales… Conforme aprendía y disfrutaba de este mundo deportivo, mi labor se comprometía más y más en retratar y dejar un buen testimonio de una de las mejores generaciones de gimnastas de Aragón de todos los tiempos. En los tres años y medio que estuve fotografiándolas, asistimos a la proclamación de campeonas de España y de conjuntos en varias ocasiones para determinadas categorías. Mi labor eso sí, se ciñó siempre a Zaragoza. Mi agenda personal y los problemas para hacer fotos en los campeonatos nacionales me delimitaron. No obstante, mi archivo se constituyó como una fuente rica y grande de aquellos tiempos.

Además de Karina tuve la ocasión de conocer y fotografiar a la que creo que es una de las mejores deportistas que ha tenido nunca Aragón. Elmira Dassaeva nació en Moscú en 1986 pero prácticamente se puede decir que es aragonesa y oficialmente de nacionalidad española. Su andadura en gimnasia rítmica fue excelente aunque en el futuro será recordada como la mejor gimnasta de aeróbic que ha tenido España. Efectivamente hablamos de una campeona mundial. Su cuerpo y genética, proveniente de familia deportista, es excepcional y la mentalidad de esta chica muestra una madurez que aúna humildad, entrega y ambición en un perfume llamado éxito. Delante de la cámara supo posar para mí intentado ambos que su cuerpo dejara a un lado la musculatura latente y mostrara la belleza y sensualidad de una beldad natural. Ese fue el reto de la sesión de estudio que le realicé. Por supuesto, nada que ver en competición, toda una luchadora por superarse a sí misma por encima de metales relucientes colgados al cuello.

También fotografié en estudio con resultados deslumbrantes a las hermanas gemelas Taisia y Lisa Kebich. Una de ellas incluso posó con un corporal dorado (también conocida esta disciplina como bodypainting), obra de mi maquilladora Inés Rodríguez, que se convirtió en toda una obra artística viviente.

En realidad, cada club tenía su estrella; entendiendo como tal aquella gimnasta que sobresalía por encima de las demás dado su talento. El Club Escuela, la gran competencia del CD Zaragozano, tenía entre otras a Carla Toha y a Teresa Vizoso. Esta última pasará a la historia, entre otras cosas, por haber formado parte de la selección nacional de gimnasia rítmica. No es un caso aislado, en mis tiempos ya vi a Cristina Dassaeva, hermana de Elmira, en similar situación. Conocí personalmente a la madre de Teresa, una madre muy encima de su hija y por supuesto preocupada por ella. La dura vida de una gimnasta de élite no es fácil. También Carla Toha fue un referente en cuanto a elegancia en sus formas y en su momento llegó a cuajar buenas actuaciones en los campeonatos de España.

El mundo de la gimnasia rítmica es todo esto y más. Por supuesto con sus grandezas y sus miserias. Pero con grandes atributos que lo hacen único. Como dijo un periodista sobre el tema, “es el único deporte que conserva la feminidad de la mujer”. Opinión que comparto y, por cierto, amplío a otro deporte como es el patinaje artístico sobre hielo.

Durante tres años y medio estuve fotografiando a nuestra gimnasia rítmica. De paso también inmortalicé a unas cuantas deportistas de aeróbic y en varias ocasiones a las chicas del club “Flip Flap” de gimnasia artística. Como suele ocurrir, la vida te obliga a elegir y en diciembre de 2005, en un festival de Navidad del Club Deportivo Zaragozano, tiré mi última “placa”.

En todos esos años aprendí mucho como persona. Viví y comprendí un deporte que siempre está en debate. Controversias deportivas, extradeportivas, de competición, por supuesto diferencias con los jueces, entrenadoras, padres y madres y ante todo gimnastas. Ellas son las protagonistas. No dejan de ser niñas al principio, para luego muchas seguir durante años compitiendo en su adolescencia. He conocido a padres de todo tipo; unos que desean que la hija se canse para dejar lo que a ellos no les gusta y por el contrario, padres y madres que alientan a sus pequeñas hasta la exasperación. Lo que por desgracia a veces se traduce en lesiones, lloros y alguna que otra pena más. En medio, la gran mayoría, padres que sonríen a sus hijas y que estas les devuelven el agradecimiento por estar allí con ellas y alimentar esa pasión por la gimnasia rítmica. Mientras, no olvidemos que son eso, niñas y que todo se hace por ellas, lo demás está de sobra. Incluso el reconocimiento que cuelga del cuello. En todo deporte, la clave está en disfrutar. Si se pierde esa ilusión y esa magia, lo demás se convierte en lastre. Además el mundo de la gimnasia rítmica tiene una ventaja añadida que pocos deportes ostentan, y se trata de estar introducidos desde edades tempranas en muchos colegios. No sólo hay cantera, hay educación. El deporte forma personas por fuera… y por dentro.

En Aragón esta práctica corre a cargo de dos grandes organizaciones, el Club Deportivo Zaragozano de Gimnasia Rítmica y el Club Escuela de Gimnasia Rítmica. En otras ciudades y localidades de nuestra tierra, se abren paso otras entidades que poco a poco van difundiendo y disfrutando de este deporte. Algunos de ellas ya cuentan con más de veinte años.

El futuro es incierto pero enriquecedor. No faltan gimnastas pero soy de la opinión de qua la calidad y madera de campeonas es generacional. Tras mis abandono como fotógrafo de la gimnasia rítmica aragonesa, vinieron años de sequía en el pódium nacional. Llegando incluso un equipo, en la categoría de más edad, a perder dicho nivel. Es cuestión de tiempo y trabajo de base hasta que aparezcan otras gimnastas excepcionales capaces de arrancar gritos en los torneos, y llevarse los más preciados metales. Después del deporte vendrá eso sí la vida misma y esos momentos tan fabulosos que pasaron con sus compañeras y amigas, sus padres, los viajes para competir… todo eso formará parte de su enriquecimiento como persona. Una de las muchas grandezas que tiene el deporte para el Ser humano.








Web oficial de la Real Federación española de gimnasia:

www.rfegimnasia.es





miércoles, 29 de septiembre de 2010

Miss España. Una reflexión.

Recientemente hemos tenido conocimiento de una noticia acerca del popular certamen Miss España. La fémina ganadora de este año ha sido la abanderada de Teruel. Se trata de la primera representante aragonesa que gana este concurso. Si tenemos en cuenta que la primera edición del certamen fue en 1929 y dudando razonablemente de que posea esta competición un aura de blancura y diafanidad ejemplares, hay que reconocer el mérito de Aragón elevando a lo más alto a una de sus tres representantes.

Ironía aparte me alegro de que el nombre de Teruel lo porte una beldad a lo largo y ancho del país y ultramar. Una Miss es una embajadora. A sus dotes físicas, pertrechadas por la naturaleza a través de los genes, se une la labia. Si todos los ojos se ponen en ella para deleite visual, los oídos correspondientes estarán atentos en las palabras que pronuncie en todo momento esta reina. De esta manera, una “Miss” siempre tiene que demostrar que es una persona culta, que sabe estar y comportarse en cualquier situación y además llevar el orgullo de sus tierras de forma casi promocional. Esto último le vendría muy bien a Teruel si Paula Guilló, la flamante ganadora, recordara al orbe las virtudes de la tierra. A fin de cuentas, una embajadora como ella, lo es de la belleza y de la cultura. No sólo se trata de hablar bien de tu representado, sino de invitar a su conocimiento y reivindicar, en la medida de lo posible, que una tierra, cultura o localidad, merecen la pena.

Todo esto lo digo para desmitificar un poco la profesión de modelo. Ya lejos del arquetipo de maniquí (de hecho en Francia, la traducción de modelo, es lo que entenderíamos aquí por maniquí de escaparate) hay que darse cuenta de que una modelo es un puesto profesional y detrás hay una persona humana. Con más o menos cultura, otro tópico ladino, pero tan válida como cualquiera. Hay ya varios casos de modelos que acaban siendo grandes empresarias.

Cierto es que no conocemos las bambalinas del certamen de Miss España, constantemente en tela de juicio. Pero aún así, en el peor de los casos, llegar a ganarlo ha supuesto para Aragón décadas de intentos vacuos con pretendientes válidas. Algo es algo llegados a este punto. Si todo es política, Paula Guilló, ahora es embajadora de Teruel. Incluso daría igual su lugar de nacimiento o sangre medio valenciana. Si insisto, en el peor de los casos, esto es un negocio acordado, Aragón ahora tiene su peso. Y por partida doble; recuerdo que el vigente Míster España es de nuestra tierra también.

En una sociedad donde lo que se ve es lo que hay (una de las peores sentencias que ha acuñado el hombre actual), Aragón y Teruel tienen una oportunidad de oro. Quizás por defecto profesional me fío en ocasiones de la mirada y la sonrisa que esbozan estas chicas. Porque creo, como fotógrafo y artista, que la belleza en sí misma puede ser un mensaje. Ciertamente, nosotros los artistas, podemos manipular y desvirtuar ese mensaje en aras de nuestro subjetivismo, pero el canon de belleza actual, de momento es inamovible. Cuando menos, si nos guiamos por la publicidad o los cánones de estética en los que se mueve mucha gente. Otro tema por supuesto, serían las expresiones artísticas que no usan los conceptos de belleza a los que estamos acostumbrados.

Dicho esto, opino, que esa belleza como mensaje debería intentar portar algo más. Un toque de humanidad si cabe. Algo de contenido real y profundo que dignifique aún más la profesión de modelo y el título de Miss y Míster. A Teruel y a la propia Miss España le vendrían muy bien. Y para el certamen mismo supondría un enriquecimiento de su reputación. La belleza es algo más que puro físico. Y la grandeza de una persona lleva consigo la belleza interior que no se ve. La que no se puede fotografiar pero sí se puede sentir. De lo contrario, este tipo de concursos responderían a la banalización que siempre les persigue, el juego de las personas-objeto y la constatación triste de que en una sociedad todavía machista, “dos tetas tiran más que dos carretas”.


jueves, 23 de septiembre de 2010

Una buena cosecha.



Los concursos artísticos constituyen un pulso para el termómetro de la creatividad. Y en una época donde la fotografía se encuentra en una primavera efervescente y variopinta, las exposiciones de los certámenes se convierten en un escaparate fabuloso de lo que se cuece en las mentes de los fotógrafos. El concurso internacional Joaquín Gil Marraco, ha tenido este año 2010 una de sus máximas concurrencias de participantes, llegando a triplicar el número de autores que se presentaron en la edición anterior.

Desde este momento y hasta el 17 de octubre se puede ver en la Casa de los Morlanes de Zaragoza (Plaza San Carlos), la exposición que comprende las obras ganadoras y una pequeña selección de las participantes.

Tras la inauguración celebrada, pude comprobar que esta exposición agita mentes y conciencias más allá del simple tesón competitivo. Y aunque la asistencia en dicha jornada preliminar no fue muy concurrida, este año no cabe duda de que las obras expuestas atraerán no poca gente; simplemente estamos ante una buena edición de este premio.

Cada vez quedan menos días. Pasen y vean.


domingo, 12 de septiembre de 2010

No matarás.



La Muerte, uno de los ingredientes de la vida, condicionante a veces de nuestra filosofía personal, pero además, todo un universo rico en matices y opiniones. Hablar de la Muerte conlleva muchas apreciaciones y una de ellas brilla con luz propia en la jurisprudencia, el debate filosófico, ético y religioso. Me refiero a la condena que supone, en determinadas legislaciones, el castigo capital de perder la vida por haber cometido crímenes más que punibles. Se ha escrito mucho sobre la pena capital y el debate es interminable. Sin embargo en el conglomerado, o mejor dicho, la maquinaria que supone el extinguir la vida de un ser humano bajo tutela de la justicia, encontramos un elemento muy interesante. Me refiero a la figura del verdugo. La persona que, desempeñando un trabajo profesional, se encarga de llevar a cabo, con sus propias manos, la práctica de una sentencia.

En España, hasta hace unos años, la Constitución aún comprendía la posibilidad de escindir vidas legalmente en periodo de conflicto bélico. Y fue bajo el régimen de Francisco Franco cuando se ejecutó al último reo en España allá por 1974. No queda tan lejos en la memoria un oficio que socialmente no ha estado muy bien visto pero que no ha dejado de ser estudiado en nuestro país de formas tanto literarias como historiográficas. A este último campo pertenece el trabajo de Salvador García Jiménez, titulado “No matarás. Célebres verdugos españoles.” Libro publicado por la editorial Melusina hace pocos meses.

A diferencia de otros estudios sobre el tema, el autor lo que hace es mostrarnos los semblantes personales y profesionales de los verdugos que tuvo España desde el siglo XIX hasta entrar en el XX. Para ello García Jiménez se sumerge por un lado en la bibliografía existente sobre este tema y más que nunca, en las hemerotecas y archivos periodísticos de la prensa española. Este último punto es clave, pues a través del periodismo vemos como miraba la sociedad a ese trabajador que simplemente cumplía con su deber. En una España de carácter sanguíneo, ardiente en sus manifestaciones, y de una religión católica muy supersticiosa, no dejaba indiferente a nadie, ver por las calles a un hombre normal y corriente cuyo oficio consistía en matar. El libro por tanto, supone un análisis sociológico encomiable. Gracias a los periodistas, descubrimos en toda su hondura la forma de ser de la gente llana. Esa gente que forma, como llamó Miguel de Unamuno, la Intrahistoria.

La estructura y formas del estudio son directas y sin concesiones. Cada capítulo se dedica a un verdugo. Desde su nombramiento en el cargo hasta su final. De esta manera se nos muestran pinceladas de como era cada ejecutor de la justicia, su forma de ser, su visión personal del trabajo que desempeñaba, su forma de obrar e incluso la vida personal del que era también una persona de carne y hueso.

Ser verdugo en España era contradictorio. Por un lado, este trabajo de funcionario disponía de un sueldo fijo más gastos, que a más de uno le hubiese gustado disfrutar, a juzgar por la cantidad de solicitudes que se presentaban cuando se convocaba la plaza correspondiente. No en vano se trataba de una labor tranquila, si tenemos en cuenta que incluso cuando no se ejecutaba, se cobraba el salario igual. Por otro lado, llevar el sambenito de tan nefasto oficio, no era bien visto en las localidades donde se procedía a ajusticiar. Una sociedad tan religiosa veía con recelo y mal agüero a quien vivía con las manos manchadas de sangre aunque fuese legalmente. Y es que el verdugo, a su vez, se convertía en el maestro de ceremonias de un espectáculo que hacía hervir la sangre. Porque la pena de muerte, y es triste decirlo, supone también un espectáculo digno de los mejores contratos publicitarios que una sociedad, totalmente sin escrúpulos, moral y sentido común, a buen seguro sería capaz de firmar.

Imaginemos la escena, ahora ficción, otrora real. Un patíbulo con una estructura de garrote vil levantada. Sacerdotes, soldados en formación. Un reo bien atado, vestido de negro, con la cabeza encapuchada y el cuello apresado por una argolla. Un verdugo a su lado que en el momento culminante, le da vueltas a una tuerca cuya cabeza del tornillo, aprieta el cuello del reo hasta desnucarlo. Lo mejor no está si cabe en el escenario; la tensión se vislumbra en las caras de los asistentes. No poca gente apelotonada, subida a tejados y árboles. Padres con niños que asisten para dar ejemplo a los imberbes. Periodistas ávidos de la noticia. Y detrás de un condenado, que padece el frío sudor del terror que se le avecina, un hombre normal y corriente hace su trabajo.

Debates aparte, lo curioso del caso es como miraba la gente de la calle el oficio de verdugo. Esta persona tenía a menudo que soportar desmanes y salidas de tono, que en una ocasión, incluso terminaron con la muerte del susodicho operario del garrote. El libro de García Jiménez demuestra que si bien, era un trabajo estable, todo verdugo debía estar bien seguro de lo que se cocía en sus entrañas y acostumbrarse a despuntar entre los demás, sin olvidar una cierta humildad. La misma que adujo uno de ellos, Aúreo Fernández Carrasco, a la sazón ejecutor de la justicia de Madrid, cuando en una entrevista a un periodista, se excusó alegando que la que mataba realmente era la ley, no el verdugo. Para la gente no era una excusa que limpiase una moral, puesta en duda, por ser capaz de dormir plácidamente sabiendo las muertes que llevaba a sus espaldas y las que le quedaban. Quizás, muchos se preguntaran qué deleznable persona era capaz de tener un trabajo así. Pero de hecho, hasta los verdugos tienen sentimientos. Hubo quien los defendió como personas. Es el caso, no podía ser otro, que el de Vicente Blasco Ibáñez y su punzante pluma. El autor fue de los pocos que defendió a un verdugo cuando éste pidio el indulto de una reo fémina. Acción que le valió al matarife la destitución. Y hubo quien, ya tomado el cargo de ejecutor de la justicia, decidió dejarlo tras constatar que en sus entrañas no cabía plato de semejante aderezo.

Desde esta óptica, el libro “No matarás” resulta esclarecedor. Personaliza con nombre y apellidos el anonimato del sayón por excelencia, y se une a la literatura que han dedicado grandes escritores españoles a la figura del verdugo. Tanto en la ficción como en la realidad histórica que sigue dando estudios hoy en día. Alguno por cierto, con pequeños deslices que el autor de “No matarás” corrige, si bien, esta primera edición de su libro tiene alguna errata tipográfica todavía.

Echo de menos en este trabajo un final más a modo de corolario, en lugar de terminar el libro tal cual, con el telón de cierre de los verdugos de Filipinas. Y por supuesto, ya de paso, alguna fotografía o dibujo que ilustre. No por alimentar el morbo, que queda bien saciado en sus páginas, si no por pura ilustración bienvenida (además de la única imagen interior del libro que nos da un recibimiento al comienzo). En cualquier caso no etiqueto el libro ni de alegato en contra ni como apología de la pena capital. Eso lo verá el lector cuando vislumbre el pulso del autor. Me quedo con su más que recomendable semblanza de los verdugos para mostrarnos la verdad. Que no es otra que la de la carne y el hueso tanto en los que miran como en los que son mirados.



“No matarás”

Salvador García Jiménez

Editorial Melusina

2010


martes, 7 de septiembre de 2010

Inauguración de la exposición sobre el concurso Joaquín Gil Marraco.


Se acercan fechas de méritos y en el caso de mi colección "Claroscuro", comenzamos con la inauguración de la exposición sobre el concurso internacional de fotografía Joaquín Gil Marraco. Las tres colecciones premiadas este año, y una nutrida selección de las obras participantes, se darán cita a partir del 21 de septiembre en la sala de exposiciones de la Casa de los Morlanes en Zaragoza (Plaza San Carlos). Estáis todos invitados a la inauguración que será aproximadamente a las 19:00 horas. La exposición durará hasta el 17 de octubre.

Espero que os gusten tanto mi obra como todo el elenco seleccionado. Hay mucho por ver.