martes, 14 de febrero de 2012

Cromos.


Con los tiempos que corren hace falta valor para realizar una película sin más ayuda que el tesón propio y el bolsillo menesteroso de la hucha. El cineasta aragonés José Ángel Delgado lo hizo en 2009 para ver cumplido el sueño de su primer largometraje, titulado “Cromos”. Ahora, tres años después, aparece por fin en DVD al precio de 5 euros.

Hacer Arte no depende de las crisis económicas. El artista sea como fuere, busca recursos y se apaña como puede. Otra cosa es, como en esta obra que nos atañe, hacer tu película y que ninguna distribuidora la tome o ninguna sala de cine la proyecte dentro de su programa. Es dejarte la piel en tu obra, al margen del mercado. Y José Ángel Delgado lo ha hecho.

Yo le conozco desde hace años y vi ya en la imberbe adolescencia, que su creatividad despuntaría dentro de la industria. De hecho es uno de los grandes nombres actuales del audiovisual aragonés. Al margen de gustos, el Arte en gran medida se basa en eso, hay que aplaudir a su hijo cinematográfico (hermano de la real Alicia, su otro sueño hecho realidad).

Por eso invito a reírse viendo esta comedia sobre un febril coleccionista de cromos de fútbol. Que es como reírse de la vida misma, pues no hay que perder el humor nunca. Y eso es una virtud de las muchas que posee José Ángel Delgado.


www.cosmosfan.com



miércoles, 1 de febrero de 2012

XIII Gala de los Premios de la Música Aragonesa.


Como cada año, el Teatro Principal de Zaragoza se convierte en un encuentro de las personas que forman el mundo musical con su gente, todos aquellos amantes del sentido del oído. Y no es una cita baladí, pues dentro del proceso de estos premios, todo el mundo puede expresarse a través de sus votos. Estos votos, son desde hace un mes largo, los que proponen a los finalistas de cada categoría. Y un jurado elegido para la ocasión, dictamina sus preferencias configurando una resolución no consensuada (cada uno posee sus gustos) pero sí democrática y aséptica. Lógicamente hay un factor de azar, pues nadie sabe lo que saldrá del sufragio de los miembros del jurado, pero es que en la vida, la suerte juega un papel preponderante.

Por ello, ganar tiene mérito, o como dice mi amigo David Chapín, ser nominado, llegar a la final, ya es un premio. Por ello, hay que felicitar a todos, no por los premios que les den, sino por su trabajo y sus obras.

Tomad nota, será el día 28 de este mes en el Teatro Principal de Zaragoza. A las 20:00 horas nos espera la música en forma de gala con premios, emoción y actuaciones en directo.


www.premiosdelamusicaaragonesa.com


domingo, 29 de enero de 2012

Bares... ¡Qué lugares!


Recientemente hemos despedido a uno de los locales musicales más emblemáticos de Zaragoza, la Estación del Silencio. Cualquier loa o agradecimiento que salga de mí, está de más ante lo que ha supuesto este sitio para la cultura aragonesa.

Sin embargo me inclino a una reflexión: el cambio tan ominoso que están experimentando los bares musicales de esta ciudad. Antes, estos sitios de encuentro, suponían el acicate agitador de la cultura de la urbe. Artistas, intelectuales y gente de toda ralea, se mezclaban en un crisol de enriquecimiento mutuo que hoy se da cada vez menos. No eran simples dispensadores de alcohol, allí cundía el tacto humano, el calor de una conversación o la mirada cómplice que te dice que no estás solo.

De un tiempo a esta parte la situación ha cambiado. Pocos sitios quedan así. Ciertamente, todavía se prodiga la música en directo en algunos bares. Y eso hace mucho, pues este arte es el lenguaje universal y forma con ello un nexo de unión paroxístico para la sensibilidad.

Ahora bien, en una ciudad eminentemente comercial, sin relevos generacionales artísticos musicales, la desaparición de locales como la Estación, entristece las almas cálidas de la cultura aragonesa.

En una época en la que vivimos bajo el imperio del Vellocino de Oro, hay que clamar por el Arte y la cultura. Éstos son el alimento contra la alineación del Ser Humano. Por eso es ahora, en tiempos tan delicados, cuando debería surgir el auténtico artista, la unión cultural como savia de la persona. No abogo por creadores mistagogos, pero tampoco por productos exclusivos para su venta, sin otro propósito que el de vender. Para mí, como artista que soy, creo que toda obra se sustenta en dos pilares básicos: mensaje y sensibilidad. Y ahora que las cosas están mal, sobre todo para el Arte subvencionado estatalmente, conviene mirarse adentro y sacar lo mejor de cada uno. Si eso sucede, volverá a crearse esa mentalidad colectiva de agitación cultural. Y de esta manera, al unirse frente a un buen ron y con buena música, a la postre alimentará la necesidad de abrir “garitos” como la Estación del Silencio.

Me dicen que los padres de la extinta criatura, emprenden nuevas hazañas similares por tierras mejicanas. Ellos han calado hondo en nuestra ciudad. Ahora otros lares puede que supongan un buen caldo de cultivo. ¡Suerte!


viernes, 20 de enero de 2012

Pide un deseo.



Los deseos se pueden hacer realidad. Como el de aquella damisela temerosa de perder su belleza natural. Alguien la escuchó y le concedió la gracia de no marchitarse nunca, nunca…


miércoles, 11 de enero de 2012

De rancio sol y luminoso abolengo.



Como soy un poco pagano con las festividades religiosas, en la reciente fiesta de la Epifanía, aproveché para escaparme hacia tierras castellanas. En un viaje al pasado recalé en Sigüenza. Tenía una cita caballeresca con cierto doncel y algunas piedras milenarias. Ante la ausencia de nieve y procelosos cielos, un astro rey iluminó mis andares... a la postre, mis fotografías.

Siguiendo con la opinión de cosecha propia, por la que habida cuenta de lo poco trotamundos que soy, menos deleitosas fotos de viajes hago, me sorprendía a mí mismo con esta composición con la que abro boca del presente año.

Y es que a veces el azar produce sorpresas. Con mi teléfono móvil capté la instantánea que muestra un poco de todo, como en botica. Algo de cierto castillo que da fama e historia a Sigüenza, un caminito limítrofe a modo de epígono peregrinaje por rutas de nuestro Cid Campeador y la entrada sin invitación, del reflejo del sol a través de unas lentes milimétricas.

El resultado es lo que se ve, es decir, un mediocre remedo de lo que podría hacer imitando a mis amigos viajeros del Círculo Fotográfico de Aragón. Pero yo, empecinado en mis fantasías que no conocen fronteras, hago testimonio gráfico a la altura de un oriental furibundo de la captura exacerbada de instantáneas. A buen seguro, estos hijos del sol naciente que tanto se prodigan por Europa, harán mejores reportajes de sus viajes que yo.

La foto me parece simpática; no va más allá. Pero la puerta que abre es grandiosa, como Sigüenza. Desde luego, me apropio de la opinión de mi querido Oscar Wilde aduciendo que “la belleza está en el alma del que la mira”. De esta manera todo rincón tiene algo que mostrar... empezando por uno mismo.


jueves, 29 de diciembre de 2011

Feliz año nuevo.



Y qué mejor regalo, música, congelada por mi cámara. No olvidemos que alimentar el alma y el intelecto es gratificante, recomendable y hasta puede llegar a ser placentero. Y como decía una canción de BLUR, la música es mi radar.

Esta imagen lo simboliza muy bien. Tras el anonimato del artista fotografiado (se podría averiguar quién es) queda la musa que entra por los oídos.

Felices fiestas y 2012. Y todos los que vengan.


Ángel


sábado, 17 de diciembre de 2011

La vida de los libros.


Recientemente tuve un guiño del destino. Una anecdótica curiosidad, no muy ajena a los que pensamos que los libros (los de papel) poseen cada uno vida propia. Buceaba por Internet, rastreando los mercados culturales, al encuentro de una peculiar obra del siglo XIX, la Historia de las persecuciones religiosas, escrita por Fernando Garrido Tortosa. A lo largo de seis volúmenes se nos desarrolla con prosaica pluma y fino paladar sardónico, cómo el hombre ha perseguido y sojuzgado cualquier forma de competencia moral y religiosa, simplemente por eso, por ser una amenaza a nuestro irreductible fuero interno, o nuestra despensa crematística.

En esa navegación digital, donde el internauta encuentra lo que no espera y acaba donde no se propone, descubrí que tres de esos libros se podían descargar en formato PDF, desde recónditas direcciones ubicadas, intuyo, en Norteamérica. Efectivamente se trataban de tres volúmenes originales de esta publicación, escaneados página a página con tanta minuciosidad, que hasta aparecía el dedo humano operante “fotografiado” en una de las primeras hojas. Los libros presentaban indicios de haber llevado una vida muy movida. Suposición que ratifiqué cuando descubrí que habían escaneado hasta los registros del lugar a donde pertenecían estos tres ejemplares. Mi asombro fue regocijante al leer que correspondían, nada menos, que a la Biblioteca Pública de Nueva York.

Este detalle me hizo pensar; no precisamente en esas vidas que recorre un libro editado, donde no se sabe por qué manos pasará ni qué ojos le leerán. Me acordé ipso facto de los formatos digitales para leer, que tan de moda están ahora en esa eclosión exacerbada por las nuevas tecnologías. Y así me di cuenta, de que la comodidad de leer y guardar un libro que ocupa unos pocos kilobytes, no contempla la vida que recorre cada ejemplar editado en papel.

Cuando tenemos en las manos una obra material, podemos intuir el desgaste de su existencia, oler el tiempo… Pero en el mundo virtual, la vida de un ejemplar, no es más que un archivo etéreo, que no nos contará más que su fecha de creación y su posterior modificación. Y con el riesgo de perderse en la infinitud de archivos digitales que vamos almacenando en nuestros discos duros. La vida de estos libros electrónicos, no se palpa pero se extravían con más facilidad. No se mojan, no se queman pero se pierden de la vista con destreza y puede que desaparezcan del todo, devorados por un virus de última generación.

La vida de los libros se acorta en aras de su funcionalidad, eso está bien desde luego. Pero siempre habrá, espero, un ejemplar de papel, para ser leído simplemente con luz y ojos. Con una vida excitante, desaforada y única. Atacado el documento por el paso del tiempo, que diezma las bibliotecas físicas, construimos la que será una nueva Alejandría, sin espacios y de libre acceso. Pero también, sin ex-libris, sin pétalos secos ni fotos entre sus páginas, sin rastro de su vida. Trasformado el taller de un editor clandestino o artesano asentado, en un escáner de gran calidad, los libros cobran nueva vida. No es una revolución, es una evolución: la palabra, como la energía, se transforma, se perpetúa en muchas superficies y en la memoria, ahora además de la humana, la de un ordenador…