lunes, 2 de julio de 2012

Famosos impostores.





Con sólo oír su apellido se le eriza a uno la sangre y una gota fría de sudor recorre el espinazo hasta desaparecer en nuestros miedos. La oscuridad de la noche no es igual desde el éxito social que alcanzó una célebre obra de vampiros, irrumpiendo en las vidas occidentales del siglo XIX. Tanto en novela como en teatro y posteriormente en cine, el conde Drácula eclipsó nuestras conciencias. Es más, comenzó a hacer sombra a otros seres no menos extraordinarios de su misma laya. Hay otros vampiros y otros autores ocupando un lugar vital en el género, pero a nivel popular, Abraham Stoker concibió el personaje más conocido y más comercializado. Suele ocurrir. Pero invito, y he aquí lo que nos atañe, a indagar y descubrir otros autores y otras obras. Y sin ir más lejos, Bram Stoker supone el mismo caso.

El autor de Drácula fue un hombre culturalmente inquieto. Dublinés nacido en 1847, estudió Ciencias Exactas pero nunca abandonó su vertiente literaria y ensayística. Entre la necesidad de comer y el afán de alimentar su intelecto, los derroteros de la vida le llevaron a conocer personajes y campos del conocimiento humano, a veces de los más esotéricos. Fue famosa su relación con gente como el poeta Walt Witman y sus escarceos con la sociedad Golden Dawn (Orden del Alba Dorada). Sociedad esotérica que tuvo mucho predicamento en la Inglaterra del siglo XIX. Ciertamente, esta época fue crisol de todo tipo de debates. Un siglo donde se pusieron grandes pilares de la ciencia, a la par que las mentalidades dejaban espacios a toda posibilidad. No es de extrañar que temas literarios provenientes de la imaginación gótica-romántica del siglo anterior, rebosaran vida e imaginación decimonónica. A la postre, muchos arquetipos acabaron consagrándose y echando raíces en la cultura popular occidental. A personas como Stoker les debemos ese granito de arena.

Pero el célebre dublinés fue también una mente periodística. Por ejemplo, en 1885 publica “Impresiones sobre América”, y en 1908 “Atrapados en la nieve; recuerdos de una gira teatral”, fruto ésta de su relación con el actor Henry Irving. De camino en un jardín de las delicias plagado por lo que acabará siendo su perenne fama, he querido salirme del frondoso bosque de cuentos folclóricos y vampíricos que nos legó, para deleitar la curiosidad histórica con un pequeño estudio que publicó en 1909 con el título “Famosos impostores”. El epígrafe lo dice todo. La historia de la Humanidad está plagada de felonías y engaños, unos descubiertos, otros no. Y en medio, muchos misterios a la espera de ser dilucidados. Stoker nos muestra en este trabajo diferentes casos históricos por los que falsarios de todo tipo intentaron suplantar a personas, gastar bromas pesadas, robar, ocultarse o simplemente... gobernar un país. Para ello el autor selecciona casos concretos más o menos cercanos a su época y referidos a la cultura anglosajona. En el abanico de su análisis nos habla de temas muy curiosos dando especial importancia a las personas que han intentado suplantar a otras con fines crematísticos. Destacan de esta manera casos como el de Arthur Orton, quien intentó hacerse pasar por un desaparecido miembro de la familia Tichborne. Lo cual le llevó a ser juzgado en 1873 con nefastos resultados. Stefan Mali, que intentó nada menos que hacerse pasar por el zar Pedro III de Rusia. La legendaria figura de Sebastián, rey de Portugal, nacido en 1554 y muerto en la “Batalla de los tres reyes” (una guerra familiar por el poder de Marruecos en donde todos los pretendientes curiosamente fallecieron). O quizás no tan muerto, dentro del folclore portugués se espera su regreso, ante la certeza de que nadie encontró sus restos después de la batalla de Alcazarquivir, el 4 de agosto de 1578. Y es que hay mucho de realeza en el tema de la impostura. Ser rey o reina es apetitoso y hasta peligroso. El paradigma suele ser típico: alguien poderoso o rico, desaparece, muere sin encontrarse los restos y alguien lo intenta suplantar. Sobre cualquier ejemplo prevalece uno. Y es capital, se trata de Isabel I de Inglaterra. A ella le dedica, no sólo una correcta divulgación histórica, sino incluso la investigación personal que Stoker hace del caso. Isabel de Inglaterra, fue hija de Enrique VIII. Rey conocido allá donde se hable de divorcios matrimoniales y por el deporte de cortar cabezas humanas. En Aragón, este regio hombre de mirada atronadora es inolvidable, pues su primera esposa fue Catalina, quinta hija de los Reyes Católicos. Catalina se convirtió en su primera mujer y en su primer divorcio. Semejante proceso de separación, supuso un cambio radical en la religión de Inglaterra, a partir de entonces de cuño anglicano y con cabeza incuestionable en el propio rey. Siguiendo un hilo tempore irónico aunque cáustico, Catalina no acabó con la cabeza separada del cuello (suerte que corrieron dos de las seis esposas que tuvo el monarca inglés). Aunque sus tristes días terminaron en los muros que le servían de prisión, primero en Bedford, luego en Buckden y finalmente Kimbolton, donde falleció en 1536. La historia de Enrique VIII se puede centrar en el ansia de poder y la creación de descendencia. Tuvo vástagos, y su hija Isabel llegaría al trono convirtiéndose en la última Tudor en reinar.

Ésta histórica monarca de Inglaterra fue una de las grandes rivales de Felipe II rey de España. Con ella, el carisma británico frenó a la Armada Invencible española, hizo de la piratería y la depredación corsaria un arte, y convirtió su soltería en asunto de estado: murió sin casarse y sin descendencia. Este último punto es el que da para hablar en la cultura inglesa. La tradición que se torna en leyenda y se adereza con chismorreos e investigaciones eruditas, nos cuenta que siendo niña, la joven Isabel murió en la localidad inglesa de Bisley aquejada de unas fiebres galopantes. Sus personas de confianza decidieron suplantarla ante el temor de perder la vida por la ira real. Y según la tradición legendaria, la suplantación llegó a buen puerto. De ser así, la futura reina era un rey, presumiblemente llamado Neville, que fue colocado a modo de impostura vital por el bien de todos. Dicho así, la historia, la leyenda y el montaje son fascinantes. Y a intentar comprenderla, estudiarla y atisbar luz, dedica Stoker sus mejores intenciones como mente indagadora.

Huelga decir que cualquier atisbo de resolución que apareciese hoy en día, no cambiaría mucho la concepción que se tiene de la reina Isabel. Bajo su reinado, Inglaterra vivió una riqueza cultural y artística inmensa. Como nación se consagró definitivamente su poder de ultramar. Con ella, el reino de los Tudor terminó para dar paso a los Estuardo. Precisamente, al no tener descendencia, Isabel nombró sucesor a Jacobo, hijo de María Estuardo, ahora ya sin lugar a dudas de su identidad...

El libro se completa con diferentes aportaciones entre lo curioso y lo histórico. Entre sus páginas, también me he encontrado con mi querida amiga La Maupin. Pasará a la historia como una de las vidas femeninas más aventurera que se conocen. Se hizo pasar por hombre, tuvo su carrera como cantante de ópera, y sus amoríos dieron para mucho. Pero por encima de todo esto, me quiero quedar con un detalle: fue de las pocas mujeres espadachines que han pasado a la Historia. Efectivamente, el arte de usar armas blancas ha sido más propio de varones. Y los duelos “oficiales” son propiedad intelectual de los hombres. Sin embargo, La Maupin, gracias a un maestro de armas llamado Serane, que también fue pareja suya, aprendió el manejo de la espada tan bien como nadie. No sólo Stoker se ha hecho eco de esta fémina a la que Théophile Gautier consagró una novela, sino que cualquier indagación sobre la esgrima se topará con esta dama que llegó a retar a hombres y alguno, caer rendido a sus pies y no por amor precisamente.

Y es que el estudio de nuestro vampírico irlandés nos muestra en elenco variopinto de lo más atractivo. No podría yo resistirme a él. Incluso el tema de la Oculto es somerante revisitado en estas páginas con diversos casos. Cagliostro, John Dee y debates más cercanos como el de Franz Anton Mesmer. Y digo bien, debates por el revuelo que levantó este médico alemán nacido en 1734 con su concepción y usos de los campos magnéticos animales. En realidad, lo que hizo fue personalizar a su manera el descubrimiento que el padre jesuita Hehl hizo en 1734 con unos platos de acero imantados, pensando el uso terapéutico de los campos magnéticos. A la larga, el efecto beneficioso que Mesmer conseguía se debía más a la sugestión de los pacientes que a las propiedades médicas propiamente dichas. Lo cierto es que en su momento fue un tema de moda y allá donde Mesmer abría consulta, no faltaban clientes que crecían a la par que las pesquisas médicas oficiales para debatir el asunto. No es baladí, llegó a crearse una comisión en París (con miembros tan destacados como Lavoisier) a petición de Luis XVIII, para investigar el asunto. Hasta Edgar Allan Poe le dedicó un relato, “Revelación mesmérica”. Finalmente Mesmer murió en 1815, retirado del mundanal ruido y de la fama, que acabó desacreditada, en Messburg (Suavia).

Son todos casos los que se muestran en “Famosos impostores” con una base de malicia. Pero en algunos de ellos hablamos también de supervivencia como es el ocultamiento de la sexualidad que tuvo que hacer durante décadas Mary East con su pareja femenina. Nacida en 1720 dentro de la humildad inglesa de la época, acabó adoptando la caracterización de su personaje vital, James How, para vivir dignamente. Su historia recorre los vericuetos del amor, la supervivencia y del desenmascaramiento que se produciría años después.

De esta manera, el periplo propuesto por Stoker es de lo más placentero. Nos muestra historias de la historia con su pluma de periodista. O mejor dicho, biografías; ellas, las vidas de las personas, son las que conforman el devenir de las sociedades. En su escritura eso sí, nada que ver con la artesanía literata que encontramos en sus relatos de ficción. Quizás no un genio, pero sí todo un contador de historias para no dormir. Y aquí, en el caso que nos atañe, leeremos una prosa divulgativa amena aderezada con chispas personales. Por eso, como comentaba al principio de este artículo, invito a leer al otro Stoker. El que busca la verdad, olvida los monstruos de la imaginación, para adentrarse en ese otro escenario de la realidad que nos podemos encontrar, sin saberlo, a la vuelta de la esquina. Donde menos se lo espera uno, lo que percibimos da un giro copernicano y se muestra de la manera más verosímil. Una vez más se demuestra que la realidad puede llegar a superar la ficción. Eso sí, sin tener que ocultarse de noche para evitar la luz del sol.





“Famosos impostores”
Bram Stoker
Editorial Melusina
2009

lunes, 25 de junio de 2012

Invitación.





Círculo Fotográfico de Aragón no para de alimentarse a sí mismo y de nutrir la sensibilidad humana de los mortales, pues eso es Arte. Este año va a ver la luz un proyecto largamente incubado: la puesta en marcha de una revista digital en formato PDF. 

La presentación será el día 9 de julio en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza (Avenida de la Independencia) a las 19:30 horas. 

Estáis todos invitados.




lunes, 18 de junio de 2012

Del enebro.





Lo confieso, fue amor a primera vista. Entró por mis ojos como un refulgir que te hace caer del caballo y te convierte en otro tipo de jinete. Así me pasó con el libro titulado “Del enebro”. Había oído hablar de él en los medios de comunicación. Un relato proveniente de la célebre recopilación Kinder und Hausmärchen (Cuentos de los niños y del hogar) de los hermanos Grimm, publicada en 1812. Sin embargo, el libro que tenía en mis manos, aquél día de la Feria del Libro de Zaragoza de este año, era especial. Una edición mimada hasta el paroxismo maternal, con un cuidado y una delicadeza, dignas del que sabe que está creando algo único. Un nacer a la vida para enriquecer el mundo y sus habitantes. 

La editorial aragonesa Jekyll & Jill volvió a leer, desde el original alemán, dicho relato y nos lo puso en nuestras manos aderezado con la joyería delicada de la ilustradora Alejandra Acosta. El resultado es sublime. El cuento es brevísimo y narra una especie de venganza justiciera del destino con el desparpajo truculento propio de los hijos del folclore oral europeo. Nada que ver con las versiones edulcoradas de nuestros días. Es un campo fascinante, pero recordemos que los cuentos genuinos, aquellos que recopilaron o inventaron gente como Perrault y posteriormente los románticos decimonónicos, eran tan realistas como la vida misma. A los que hemos “viajado” con el folclore, sea oral o escrito, de Europa, no nos tiembla el pulso al pasar las sanguinolentas páginas de este relato editado en nuestra tierra. 

Los dibujos de Acosta son realmente buenos y ha añadido detalles en la maquetación, que convierten cada ejemplar en una obra de Arte. Imposible, aprovecho la apología sentimental, de ver algo semejante en un archivo electrónico.

El relato va precedido por un prólogo de Francisco Ferrer Lerín (que por estas fechas promociona un libro suyo -Gingival-) el cual nos esboza las raíces de esta historia y del enebro, ese arbusto tan peculiar como carismático en las diferentes culturas. 

El sabor de boca que deja el cierre de este libro es como el aroma del perfume que deja una beldad cuando se cruza en nuestro camino. Incita a no desear olvidar jamás. Por ello, hay que alabar y felicitar a esta editorial. Además de editores, son artesanos. La palabra sigue brillando con su magia. Y sólo hace falta creer en ella para que hoy quizás, un hada se cruce en nuestro camino. La reconoceremos sin duda, para bien o para mal de nuestra existencia, así son los cuentos.




lunes, 4 de junio de 2012

Gervasio Sánchez. "Antología".





Gritos ahogados por disparos. Lluvias metálicas que nos mojan introduciéndonos el miedo en el tuétano. Un sutil olor a cadáver mezclado con pólvora. Albas caras teñidas del polvo blanco procedente de escombros. Un andar meticuloso, a veces entre restos humanos, intentando buscar la imagen final. Y en ese momento decisivo, se aprieta el botón y sale la fotografía que veremos cómodamente en nuestras casas. Puede ser cualquier sitio en cualquier continente. Y esas instantáneas que nos llegan en papel, Internet o televisión, no cambiarán seguramente las cosas. Pero sirven para algo.

Nos dice Gervasio Sánchez que no cree que los periodistas de prensa para conflictos armados, cambien la sociedad. Pero al propio Gervasio, ese trabajo le sirve para poner a cubierto su propia conciencia, a estas alturas moldeada sin parangón por el mal humano. El que suscribe conoció personalmente a Gervasio hace años. Me pareció un hombre tímido e introspectivo. Pero en su rostro, el mapa de las arrugas de la piel, cartografiaba el dolor y el espíritu más abyecto que podamos imaginar. Pensar en todo lo que ha visto y vivido, es para mi inaguantable. Ciertamente, no es una hipérbole, tuvo que andar entre cadáveres y abrirse paso por huesos y carne. Él ha visto la última mirada de un moribundo víctima de la vida. Pero hay que resistirse a hundirse en el infierno. Los que sobreviven rehacen sus vidas y eso merece la pena contemplarse. Estos detalles que apunto, nos lo cuenta nuestro querido fotógrafo cordobés en los textos que introducen su último libro. Como su nombre indica, estamos ante la gran “Antología”, hasta el momento, de Gervasio Sánchez. No es la definitiva, le queda mucho por delante de juventud. Es el fruto del reciente premio nacional de fotografía que se le concedió hace meses. Fue una sorpresa y un hito pues hasta ahora nunca se había otorgado semejante distinción a un fotógrafo de prensa. Por tanto, como él mismo dice, es un reconocimiento a la profesión. A los que están y los que ya no están. 

Conocí al autor que nos atañe en plena vorágine por el proyecto de “Vidas minadas”. Un viaje de largo recorrido en el que seguimos la vida de personas mutiladas por las minas ocultas tras el final de las guerras. Entonces yo trabajaba en el programa de radio ONGENTE, en Radio Ebro. Una amable relación cultural, hizo posible que la editorial BLUME tuviese a bien donarnos un libro para sortearlo en nuestro programa de radio. Un libro firmado por Gervasio, en una presentación del mismo en la FNAC de Zaragoza. No hablé mucho con él, y tampoco fue el único encuentro que tuve. La casualidad nos hizo toparnos brevemente en otra ocasión. 

Desde hace tiempo, cada vez conocemos más a este fotoperiodista. Poco a poco la sociedad se ha dado cuenta de la labor de este hombre y la de sus colegas. Y es que salta a primera plana cuando un fotógrafo o un cámara de televisión muere. Pero si nos paramos a pensar en las imágenes que dejamos atrás al pasar la página del periódico, veremos el alto costo de la información que leemos. Con ello va implícito un mensaje de testimonio y denuncia que no tiene precio. Por eso creo que este premio nacional otorgado es un homenaje a la profesión. Una dignificación más que necesaria. 

Además, la otra cara de la moneda es el lado positivo del mal: la lucha por la supervivencia, el deseo de vivir y seguir adelante. Es uno de los corolarios de su proyecto sobre los mutilados por las minas. Lleva años viviendo el devenir del tiempo del las víctimas y mostrándonoslo poco a poco para ganar una partida malsana al devastador caballero del Apocalipsis. 

En esta “Antología” precisamente nos habla también de ese proyecto a largo plazo. Pero no el único. La palabra desaparecido me resulta espeluznante. Con o sin guerra, la eliminación del que no es como nosotros, se convierte en integrante de la programática del poder o de los intereses espurios de la rivalidad. Es un icono de nuestro tiempo el retrato de una mujer (suelen ser las que quedan vivas) con una fotografía de su ser querido ausente. En España de hecho, llevamos un tiempo intentando localizar, poner nombre, a los desaparecidos de la Guerra Civil de 1936. La incertidumbre es una grieta que acaba socavando nuestro día a día, en el silencio del desconocimiento. Contra eso hay que luchar, desde el signo político que sea.  

El libro se manifiesta ante nosotros como una muestra del crecimiento profesional y personal de Gervasio. Sus incursiones en África, en Sudamérica, en Europa. A cada parte la antecede un texto del autor donde nos explica su labor y esboza al mismo tiempo semblanzas de su vida. Desde que era estudiante de periodismo, hasta que tiene conocimiento de la muerte de compañeros suyos. Gervasio tiene suerte, nos comenta en el libro, a él nunca le ha alcanzado una bala. Se siente vivo cuando ellos, sus colegas, sólo aparecen en los recuerdos. Y eso le anima a seguir trabajando. Es el alimento vital de un fotógrafo. Sandra Basells, comisaria de la exposición que se hizo con tan fausto premio, es una de las prologuistas del volumen. Entre las firmas invitadas para introducirnos la obra y vida de Gervasio, se encuentra además el escritor Antonio Muñoz Molina. Por cierto, habitual comentarista de imágenes de nuestro mundo, para el suplemento Babelia del periódico El País.

Cuando me despedía de él en la FNAC, mi última frase mientras le estrechaba la mano, fue: “gracias por lo que haces”. Sabiendo que hay que nacer para este oficio, que no hay precio que pague el peligro que corren, cualquier elogio es vano ante la impasibilidad de una sociedad inmunizada a la cultura visual en la que vivimos. Por eso hacen falta personas como Gervasio, porque necesitamos ver y comprender lo que de verdad está ocurriendo. Eso, recordando su opinión, no espoleará nuestra sociedad. Pero a la larga se demuestra que la voluntad, personal y política, acaba consiguiendo logros que nos hacen avanzar hacia la humanidad, tan vilipendiada siempre. Enhorabuena por el premio, gracias por lo que hacéis.




“Antología”
Gervasio Sánchez
Editorial BLUME
2012

miércoles, 16 de mayo de 2012

Doctrina y práctica del liberalismo: la cultura liberal.






A través de la espesura de una flébil atmósfera, se abren paso a machetazos palabras que caen como hojas jaleadas por el viento, para acabar mancilladas o, en el mejor de los casos, puestas en una alacena íntima. En radio, televisión o papel. En la tertulia del bar, o en el murmullo de la lejanía, se esgrimen conceptos e ideas que retozan en una bacanal hasta que uno se pregunta acerca del uso que las personas damos a las nociones que tanto se utilizan y por ende, si sabemos realmente lo que significan y simbolizan. Pues hay que recordar que no siempre un término ha expresado lo mismo en la mente de las personas, los lugares y las épocas. Esto viene a mi memoria, debido al lujurioso uso que se da hoy en día a determinadas palabras que llevan implícitas una carga política o histórica prolífica. En unos días como los actuales, el oído recibe una pléyade de términos de gran carga social o cultural. Todos tienen algo en común, el ululato y arrojo con que se defienden o vituperan.

Uno de los conceptos que más encuentro doquiera leo o escucho es liberalismo. Y más en este año de recuerdos constitucionales. No hablemos de debates televisivos, donde la grandilocuencia de los contertulios parece alimentar corazones, camino de un éxtasis que antaño habrían querido los revolucionarios decimonónicos de nuestro Viejo Continente. 

En este contexto podemos preguntarnos de nuevo: ¿qué es el liberalismo? Y más aún, ¿qué es ser liberal? Si nos ponemos a bucear en la bibliografía existente sobre esta acepción, hallaremos un prolijo mundo de estudios. A vuela pluma resulta jugoso, pero un análisis en profundidad del liberalismo español nos puede mostrar los matices, las divergencias internas y los modos de actuar cuando ha habido un gobierno liberal. No nos engañemos, esto siempre es así. En todos los movimientos hay variedad de opiniones. Y esto es bueno, el debate hace progresar el pensamiento. Siempre conviene hacer descansar nuestro timbre y probar a escuchar lo que dicen los demás. Visto así parece fácil, pero hay un axioma para el estudio histórico: hay que ver el momento, el lugar y las personas (con sus circunstancias). Sólo así podremos analizar el pasado con imparcialidad y análisis crítico. 

De este talante apareció hace unos meses un estudio plural editado por la Universidad del País Vasco. Y es que desde hace un tiempo su servicio editorial elabora la llamada revista de Historia Contemporánea. Se trata de una publicación semestral (a modo de libro) en la que cada número temático aúna colaboraciones de ensayos escritos por personas de muchas universidades españolas. Cuando me percaté de que el número 43 lo dedicaban al liberalismo, me adentré en sus páginas con la profusión del hambre que desea saciarse. Bucear por las investigaciones de mentes dedicadas a mostrarnos la Historia, con retazos y semblanzas que juntas van conformando el cuadro de nuestra existencia. 

El título de la publicación lo dice todo, pero hay más. Diferentes autores abordan varios temas relacionados con el liberalismo o con matices de su pensamiento. Asimismo, el libro comienza como se inicia toda puesta en marcha historiográfica, es decir: de lo general a lo concreto. La introducción que nos encontramos primeramente, es prácticamente un recorrido histórico sobre los orígenes del liberalismo. En mi opinión, imprescindible esta abertura intelectual para no perderse. A ello se suma el aparato crítico que nos muestra no pocos estudios que se han publicado sobre el tema y que suponen para el lector, no sólo un apoyo, sino una invitación por si se quiere profundizar más sobre el tema, discerniendo el grano de la paja. Los autores de esta presentación inicial, Antonio Morales Moya y Margarita Márquez Padorno, harán de Cicerones excelentes. Y no hablo sólo de ese cambio de mentalidad que se manifestó sin ambages en España con la ausencia de Fernando VII. Hay que retroceder aún más y a otros pensadores y lugares, para comprender el caldo de cultivo que cuajará en nuestro país con lo que se dice en este libro: una definitiva voluntad de cambiar el Antiguo Régimen. Para eso hay que ir hasta grandes mentes como John Locke o David Hume entre otros (por no hablar de movimientos individualistas predecesores como los whigs del siglo XVIII inglés). Pues nada se produce al azar y hay una gestación e influencias que abordarán futuras formas de ver la realidad. La visión general mostrada en este primer artículo del libro se podría intitular algo así como una -breve historia del liberalismo- a modo de guía para no perderse en épocas de tanto trasiego histórico. 

En España, luego aparecerá la Guerra de la Independencia, pero con ella vendrán idearios y maneras de gobernar y entender la sociedad, que convivirán bajo una ocupación impuesta. Ya había formas de pensamiento para remodelar el peso de la monarquía sobre la sociedad, véase por ejemplo Melchor Gaspar de Jovellanos, pero hoy encontramos una imagen singular en nuestro ideario colectivo, la Constitución de Cádiz de 1812. De todo ese primer tercio del convulso siglo XIX español, se encarga el segundo ensayo del libro que corre a cargo de Ignacio Fernández Sarrasola. La disección que hace el autor es esclarecedora, pues se centra en las ideas que movieron a los diferentes liberales españoles. Esto es clave por la pluralidad que a la larga formó facciones y partidos políticos. Y por supuesto en las formas de gobernar cuando el liberalismo llegó al poder en nuestro país. No obstante, recordamos, el siglo XIX español era un ir y venir de cambios “bruscos” de poder. Y la vuelta de Fernando VII supuso una terrible persecución, con liberales encarcelados y exiliados (atención a las influencias inglesas sobre los refugiados españoles al otro lado del Canal de la Mancha). De estos últimos se encarga también puntualmente Fernández Sarrasola. 

Y a través de una línea del tiempo bien llevada, nos adentramos en las relaciones monárquicas y los sucesivos gobiernos en el discurrir del periodo decimonónico. Hablamos sobre todo de Alfonso XII y los gobiernos del turno. En realidad, y viene de muy atrás, las Cortes de Cádiz (entendidas como primer gobierno liberal de facto español) no anularon al rey, pero sí delimitaron sus funciones. El debate monárquico fue ampliándose con diferentes versiones y posturas dentro de los políticos españoles. Por ejemplo, me viene a la memoria el Motín en 1836, de los Sargentos de la Granja contra la reina regente María Cristina. Otro ir y venir de oleajes “constitucionales” hacia un cambio liberal. Andando el tiempo, la segunda mitad del siglo XIX vio políticas decisivas en la forma de gobernar. Voto censitario (masculino), problemas económicos, las posesiones de ultramar… De todo esto y más se ocupa el ensayo de Luis Arranz Notario. El autor nos introduce muy bien, comprendiendo la situación social y general de nuestro país, para asimilar el fin de siglo español y ver lo que se avecinaba en el siguiente comienzo secular. Ese principio de siglo, es analizado también por el autor a la hora de entender la inestabilidad que sobre todo, dará paso a la dictadura de Miguel Primo de Rivera. De camino, por cierto, nuestro Joaquín Costa y su visión de pasar página poniendo doble llave al sepulcro del Cid. Una mirada al futuro, que sabemos bien en Aragón, terminó en un sueño para el “León de Graus”.

Y si estos ensayos son de índole general, no puede faltar la economía como caballo de batalla de una sociedad. Da la sensación, de que las cosas son cíclicas o cuando menos, los problemas parecidos. ¿Cómo pensaron la economía de España los liberales del XIX? A esta pregunta responde José María Serrano Sanz de nuestra Universidad de Zaragoza. Huelga decir que crisis no faltaron. La llegada de los liberales en sus sucesivos gobiernos alumbró el librecambismo. Pero esto no quiere decir que en algunos casos y épocas, no practicaran políticas económicas de control e incluso de prohibicionismo. Recuerdo, y es clave, no siempre el liberalismo ha sido igual, porque no son siempre las mismas circunstancias ni las mismas opiniones. Y esto es aplicable a toda la Historia. El autor hace accesible el entorno socioeconómico para lectores profanos como el que suscribe, lo cual es de agradecer. Dentro de la sociedad española, dos sectores van a suponer un debate largo y tortuoso. Los cereales y la industria textil (esta última muy propia de Cataluña). El equilibrio es difícil. La libertad de comercio no siempre soluciona los problemas como se esperan. Y a ello hay que sumar las exportaciones. Es esclarecedor, y escalofriante por su delicadeza, las ventas de vino español al mercado francés que llegaron a ser claves en la segunda mitad decimonónica. Serrano Sanz nos conduce muy bien por los diferentes cambios políticos. Algunos de ellos serpenteantes como las políticas arancelarias. Lo curioso de todo esto es que los sectores industriales comenzaron a organizarse hasta el punto de formar asociaciones oficiales. Esto es importante ya que la industria del país, comenzaba a tomar conciencia propia y con diversos posicionamientos políticos y mercantiles. Se nos muestran además en este texto, las maniobras que realizaron hombres como Práxedes Sagasta, Cánovas del Castillo… en un baile sobre una cuerda floja y sin red. Inherente a la política, nunca desaparece la espada de Damocles sobre el que gobierna. En líneas generales, el debate ha estado entre librecambismo y proteccionismo. Pero como decimos, las situaciones cambian. Por ejemplo, no hay que olvidar la industria del vino antes citada o las pérdidas de las colonias de ultramar. Entre otras cosas, estas colonias (que tenían sus representantes políticos en España) suponían un pilar importante de recursos. Sin ir más lejos, me viene de sopetón a la memoria el azúcar. Termina el texto con una bibliografía final muy detallada sobre el tema, además de las consiguientes notas a pie de página. 

El siguiente ensayo temático nos adentra en el espinoso asunto de la Segunda República española. Digo espinoso porque aún hoy en día levanta pasiones (por usar un eufemismo bonachón). Manuel Álvarez Tardío pone el dedo en la llaga en concomitancia del debate con el que abro este artículo. La clave es lo que cada persona entiende de un mismo concepto. Esto es de vital trascendencia cuando hablamos de la praxis del poder. Y sobre todo cuando está en juego la representación de la sociedad a través de los logros del liberalismo. El autor del texto describe muy bien el periodo previo a la Segunda República. Es más, comienza antes de la dictadura de Miguel Primo de Rivera para analizar los diferentes debates que acaban agostando el liberalismo. Entre ellos, la caída futura de la monarquía. Las controversias aparecen incluso en el bando republicano, porque cabe preguntarse lo que las mentes de ese pensamiento esperaban de una república española. Desde posturas de aunamiento como la de Lerroux, hasta la auténtica revolución que se esperaba aconteciese en nuestro país. Por en medio, un abanico de matices que se explican muy bien en palabras de Álvarez Tardío, acompañado de un profuso aparato crítico (para la brevedad del ensayo) y opiniones de personas de las épocas comprendidas. Hoy les diríamos líderes de opinión, antes, los auténticos intelectuales (o por lo menos, así considero a nombres como José Ortega y Gasset, por poner un ejemplo de este ensayo). A la postre, y con bloques cada vez más definidos, surgiría lo que se da en llamar las “dos Españas enfrentadas”. Al principio en las urnas y los gobiernos, y más adelante en la violencia desgarradora del campo de batalla. Etiquetas, apostillo, vigentes todavía en nuestra sociedad actual. En estos periodos analizados se ve una vez más lo difícil que es ponerse de acuerdo. ¿No trató eso Lerroux o más adelante Niceto Alcalá Zamora? En lugar por ejemplo, de lo que llegó a propugnar Azaña en 1930, cuando hablaba de “una República republicana, pensada por los republicanos, gobernada y dirigida según la voluntad de los republicanos.” (sic. pág. 677). El significado de estas palabras implicaban más cosas y más lecturas, entre ellas, el papel del Estado como tal. Pero eso, es otra historia que se contaría más adelante, con sus diversos matices lógicamente, establecida la Segunda República.

En la profusión y variedad temática con la que se navega a través de la páginas de este libro-revista, me he topado gratamente con una breve semblanza del periodismo español. Y es que uno lleva la comunicación en la sangre y recuerda ese siglo XIX tan manchado de tinta como de opiniones. Margarita Márquez Padorno nos habla de Miguel Moya Ojanguren, o lo que es lo mismo, el primer grupo empresarial mediático español que diríamos hoy en día (lo que se dio en llamar SEDE -Sociedad Editorial de España-). Moya fue un periodista vocacional, instintivo. Tanto es así, que publicaba las crónicas de las corridas de toros de Madrid, antes de que el público saliese de la plaza. De ahí a crear una especie de imperio, hay un paso. Es la historia de este hombre, la de la prensa liberal española. Y entre otras cosas, la de la primera asociación de la prensa que se hizo en nuestro país, la de Madrid. En una época decimonónica, en la que no pocos periodistas eran también diputados, los periódicos diarios tenían un peso grandilocuente. Eran bandera y foro, información y debate, apoyo gubernamental y semillero de duelistas… La prensa siempre ha tenido una línea editorial. Pero a veces la implicación es exhaustiva. Por ejemplo, la autora refiere el hito periodístico del seguimiento del célebre caso de la madrileña calle Fuencarral, que realizó el periódico El Liberal (a la sazón supuso el inicio de la prensa sensacionalista española). Como Márquez Padorno comenta, el periódico (que acabó dirigiendo Moya) aumentó su tirada con el seguimiento del famoso crimen. No obstante, habría que apostillar que dicho rotativo también se granjeó una denuncia y una de las acusadas, Higinia Balaguer, fue declarada culpable y ejecutada un 19 de julio de 1890. El caso apunta el afán de inmediatez e investigación periodística que desarrolló durante toda su vida Moya. Su éxito empresarial fue extraordinario. Y su peso en la prensa española y la política de entonces, decisivo. Quizás, fue entonces cuando se vio que los medios de comunicación podían llegar a ser el “cuarto poder” que hoy sabemos que es. En cualquier caso, se puso de manifiesto en España, que la libertad de imprenta (y por supuesto de opinión) eran necesarias para el progreso de la sociedad en cuanto a la conquista de libertades y salvaguarda de los pilares de la convivencia; a saber, tolerancia y respeto.

Y es que la Historia es más bien el predominio de biografías de personas que hacen cambiar el devenir del tiempo. Comprendiendo a la persona y sus circunstancias se descubre el sentido de sus actos. O dicho de otra manera, analizando lo humano del sujeto, lo personal, se construye la Historia que es Vida. Así lo entendía Gregorio Marañón, hombre de medicina que ha pasado a ser uno de los grandes intelectuales del campo científico e histórico. Antonio Morales Moya nos hace una semblanza de este hombre que personalizó la actitud del médico frente al paciente y además nos legó varias biografías como resultado de su visión de la introspección histórica en el personaje de estudio. A su vez idealizó de manera sublime lo que es ser liberal en pocas palabras. Ser liberal, decía en el prólogo a sus “Ensayos liberales”, es estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. Pocas veces encontraremos una definición tan bella del pensamiento y la actitud liberal. Algo romántica desde luego, pero necesaria. 

Como historiador legó estudios biográficos considerados cimeros hasta la fecha. Como polígrafo, una ingente obra a tener en cuenta. Esa mentalidad humana que va más allá del médico y se transforma en calor humano, es quizás lo que más se extrae del breve artículo del autor que encontramos en este libro. No una mente liberal sólo, también un espíritu.

Dentro de lo que la revista hace en llamar miscelánea, uno se encuentra con artículos que si bien no nos hablan de la historia general del liberalismo, sí que lo tocan intelectualmente. Y de ahí una grata sorpresa con el texto de Jorge Muñiz Sánchez sobre los huertos mineros que tomaron forma a principios del siglo XX en la región francesa de Nord-Pas-de-Calais. La idea es simple. En una zona minera comienzan a crearse poblados de obreros que van a vivir para su trabajo. Hay que habilitar una zona para que la vida sea lo más digna y humana posible dentro de la difícil labor de horadar la naturaleza. Dentro de esa concepción de vida obrera, se regala a cada casita habitada por trabajadores, una pequeña superficie a modo de huerto, para el solaz uso de la misma. Distracción, descanso y relajo con una pequeña parte de la naturaleza para cada familia… Pero la pragmática empresarial es más amplia. Eso es lo que se analiza en este fenómeno forjado a finales del XIX y que en el siglo siguiente convirtió esa zona minera francesa en modelo internacional a seguir.  

Desde el punto de vista de las empresas explotadoras de las minas, la Sociedad de Minas de Lens, una idea tan simple iba a resultar más que beneficiosa. El obrero, para relajar la mente de su durísimo trabajo, tiene un huerto a su disposición. En él se solaza, obtiene parte del alimento para su familia (más barato que en el mercado) e incluso convierte la afición en una comunidad amistosa que hasta realiza concursos de huertos. Detrás de ello hay una forma empresarial de entender al trabajador. ¿No es mejor mantener entretenido al obrero para que no piense o se vicie con otras perversiones? Entiéndase perversión como alcohol o rebeldía al patrón. ¿No sirve una comunidad tranquila para economizar rendimiento y gastos? ¿No se crea un espíritu de colectividad que se puede organizar, incluso religiosamente, a través de la horticultura? Estas y más preguntas se aclaran en el presente texto que nos muestra excelentemente lo que da de sí una idea tan simple y según se mira, no muy liberal: ¿no es acaso entrometerse en la vida privada del obrero este control incentivado de su tiempo libre? o ¿es una libertad controlada, sin dejar de ser libres?

Continúa esta sección tan variopinta con un estudio acerca de un fenómeno basado en las defensas medioambientales de dos regiones españolas: Galicia y País Vasco. Poco a poco fue llegando el debate en nuestro país de establecer centrales nucleares para el abastecimiento energético. Fue allá en los finales de los años sesenta cuando se contempla la construcción de centrales de este tipo en España. Y es a través de la transición política de los años setenta cuando la protesta social de las zonas elegidas para albergar una central, se hace más palpable públicamente. Puede parecer añejo ya este tema, pero el enfoque es esclarecedor si analizamos la vertiente política de tales reivindicaciones medioambientales. Con el artículo escrito por Raúl López Romo y Daniel Lanero Táboas, se estudia la simbiosis que, tanto en una zona como en otra, acabó teniendo la vertiente nacionalista en tales reivindicaciones. Procesos de construcción paralizados, e incluso asesinatos, son algunos de los efectos que se producen en estos contextos, claramente diferentes en dos regiones, pero con puntos en común. La comparación enriquece la comprensión. Este es un buen caso de ejemplo para el análisis de la controversia social de la energía nuclear. No olvidemos, siempre un debate caliente.

Y quizás tan fogoso o más como la Guerra Civil de España que se recuerda en otro artículo con los estudios que le dedicó Ángel Viñas, uno de los grandes especialistas de la Segunda República en nuestro país. A esta mente indagadora le dedica unas pinceladas intelectuales e históricas Alberto Roig Tapia. Poco menos que repaso a su obra y puesta al día editorial para una historiografía viva. Pues la Historia no es un compartimento estanco del saber. Fluye la búsqueda, el análisis y la interpretación. 

A estos baremos ayudan las obras que, en la parte final del libro-revista que nos ocupa, son reseñados por diversos colaboradores. En estas reseñas finales encontramos todo tipo de indagaciones interesantísimas. Desde espionaje vasco con potencias internacionales en tiempos de la Guerra Civil, hasta estudios que incluyen a la masonería, o nuestra propia historia (incluyendo la liberal). Diría que son las guindas del pastel. Suculento y atractivo todo el volumen por la temática que trata.

De esta manera, las vicisitudes semánticas a las que aludía al principio de este artículo, se resuelven con un poco más de luz en la frondosidad de la bibliografía temática que nos ocupa. No me canso de recalcar así de esta manera, el conjunto del aparato crítico de esta publicación de la Universidad del País Vasco. Gracias a las notas a pie de página se puede recorrer una relación básica y necesaria para la comprensión del liberalismo. Los ensayos que tenemos entre manos, suponen indagaciones de bisturí certeras para un entendimiento del deseo de libertad que afloró hace tiempo. Y como expresaba antes, no todo ha significado siempre lo mismo, porque no siempre se piensa igual cuando las circunstancias son diferentes (a pesar de que haya puntos en común en la Historia). Y lógicamente, no está todo hecho (nunca lo está) y mucho menos dicho. Pero conviene escuchar a la comunidad universitaria que arropa la investigación y el debate, resortes alambicados del pensamiento. Así, en el entorno plural, nos enriqueceremos como personas. Es el mérito de esta publicación. Es el mérito de un negro sobre blanco, que condensa gotas de un aroma llamado liberalismo.





Historia Contemporánea número 43
Revista semestral de la Universidad del País Vasco.
2011

martes, 15 de mayo de 2012

La pequeña Alemania.





El año pasado escribí un artículo sobre una comunidad de alemanes que en 1916 vinieron a Zaragoza para vivir. En realidad huían del Camerún, acuciados por la Primera Guerra Mundial, y España albergó en distintas localidades a varios cientos de estos germanos, habitantes africanos, que estaban perdiendo territorio frente a los ingleses.

La aventura de la Historia me llevó hace más de diez años al Cementerio alemán de Torrero en nuestra ciudad. Y por ellos contacté precisamente, hace casi dos años, con Sergio del Molino. Este escritor y periodista aragonés, realizó una investigación que se publicó en  2009 por Prames bajo el título de “Soldados en el Jardín de la Paz”.

En la amabilísima comunicación que establecí con el autor, ya me anunció el proyecto de la exposición que quiero recomendar: convertir esa indagación, acerca de la comunidad de alemanes que se asentaron en Zaragoza, en una muestra polifacética que ahora se puede ver en el Centro de Historias de Zaragoza hasta el día 1 de Julio. 

Cuando estos alemanes llegaron a la Zaragoza de principios del siglo XX se integraron de tal manera que formaron parte del devenir de nuestros tiempos. Hasta tal punto, que hoy en día basta con mirar determinados sitios para presenciar su huella. Todo lo que hicieron, vivieron y aportaron a nuestras vidas, se puso negro sobre blanco con el libro de Sergio del Molino. Ahora se puede ver in situ en esta esclarecedora exposición. Todo tiene su pasado y aquí se nos cuenta para demostrar una vez más, que formamos parte de él. Cada uno de nosotros también somos historia.


“La pequeña alemania”
Centro de Historias de Zaragoza
Palaza de San Agustín 2

martes, 8 de mayo de 2012

Gala de los Premios Simón del cine aragonés.





Ya está disponible el reportaje completo que realicé en la cobertura de los Primeros Premios Simón del cine aragonés. El gozo de cubrir una cita tan importante e histórica es sólo comparable a la placentera visión de las fotografías. Si queréis experimentar algo parecido, os animo a que entréis en mi espacio Flickr.

Espero que os gusten.